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INTEROC COLOMBIA EN LA FERIA DE LAS FLORES: SANTA ELENA, TIERRA DE ARTISTAS.

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Huber Hincapié, oriundo del corregimiento de Santa Elena, Antioquia pone su sonrisa de mejor anfitrión al vernos llegar. Es silletero de tercera generación, relevo de un legado que le dejó su mamá y su abuela.

Tiene el patio de su casa atiborrado de maderas, follaje verde en el suelo y flores de colores, su mirada refleja que ha dormido poco. Se prepara para su decimocuarta participación en la Feria de las Flores, su debut lo tuvo a los 20 años, pero la emoción parece intacta, sabe que debe poner su máximo esfuerzo. Es su fecha más importante del año: su momento de brillar, de poner en alto la herencia que recibió.

Nos recibe en su casa con sus mejores temas musicales. De fondo se escucha la voz del gran Héctor Lavoe; luego, una buena ranchera y los típicos boleros que no pueden faltar en esta tierra. Dicen que la música acompaña al artista, y aquí parece hacerlo durante la titánica labor de construir la silleta que desfilará este año y que lleva preparando meses con el apoyo de más de 15 personas entre amigos y familiares, con la esperanza puesta en quedar entre las finalistas, en la categoría a mejor silleta artística y llevarse su cinta de ganador.

Mientras la leña nos fríe unas deliciosas empanadas preparadas por su esposa, Huber nos relata la importancia de mantener viva esta tradición, de no olvidar a quienes históricamente cargaban sobre sus espaldas las silletas para transportar flores, personas y otros productos hasta Medellín en el siglo XIX.

Una costumbre que con los años floreció hasta convertirse en una expresión artística y en un homenaje a sus raíces que lleva siendo celebrada por 69 años. Hoy, la cultura silletera es reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. El sueño de los silleteros de Santa Elena es que se les declare patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Son ellos los únicos guardianes de esta tradición, un conocimiento, que como le paso a Huber, se transmite de padres a hijos y de abuelos a nietos. Los niños incluso comienzan participando en categorías infantiles y juveniles, y así se va formando el relevo generacional que eleva aún más la autenticidad de este evento. Una celebración que, para muchos aquí, se espera incluso más que la Navidad.

Aquí, en Santa Elena, se siente que estamos en la Feria de las Flores.

En el pueblo, basta mirar hacia los jardines y patios de las casas: allí están los silleteros y sus familias, acomodando, cortando, tejiendo y dando forma a cada silleta que saldrá a presumirse el próximo domingo.

Todo el pueblo vive el momento culminante del año. Con la emoción de un artista mostrando su nueva exposición Huber nos guía dentro de su casa y va contándonos el concepto de la silleta que está armando para este año: La protección de los océanos, presentará un coral gigante, acompañado de un pulpo, un tiburón y tortuga todo elaborado 100% en más de 10 especies de flores naturales.

Nos muestra cada parte de la silleta, el diseño, lo que tiene construido hasta el momento y lo que aún requiere trabajo, saca sus mejores especies de flores para presumirlas como su mejor diamante. Hace el gesto de echarse la silleta a la espalda, con la estructura que armó, para que entendamos cómo se carga y, por un instante, dimensionemos el esfuerzo que implica llevarla.

Además de trabajar en su propia silleta, Huber fue el encargado de darle vida a la silleta de INTEROC. En una actividad cargada de emoción y significado, nuestros clientes del sector de ornamentales, pusieron también sus manos para terminar de construirla. Entre flores, historias y creatividad dejaron de ser espectadores para convertirse, por un momento, en parte de una tradición que toca el corazón y que representa el esfuerzo, la dedicación y el orgullo de generaciones enteras.

Día del Desfile de Silleteros: Domingo 9 de agosto

Hoy la casa de Huber ya no esta atiborrada en follaje, flores ni madera, todo ello, ya está sobre sus hombros con un peso aproximado de 100 kilos y lo cargará durante cerca de tres kilómetros. Un acto casi heroico que hace con el único objetivo de demostrar el orgullo del legado que recibió desde su infancia.

Cuando vemos a Huber desfilar por las calles, con su traje tradicional de silletero, sabemos que no representa un personaje, el realmente ha vivido su vida en la cultura silletera, ha recorrido las mismas montañas que las generaciones que heredó. Huber está ahí para honrar la vida que conoce desde siempre.

Escuchará los gritos de aliento de alrededor de 800.000 personas, que asistieron al desfile de silleteros este año, ¡Sí se puede, sí se puede! Un momento lleno de nostalgia y emoción. Es difícil presenciarlo sin sentir un nudo en la garganta. Hay algo profundamente conmovedor en verlos avanzar, agotados pero sonrientes, cargando sobre sus espaldas silletas que pueden alcanzar esos pesos.

Pero quizás lo que toca las fibras no es el peso de las flores, sino todo lo que cargan con ellas. Allí van su historia, sus familias, sus raíces y el empeño por preservar una tradición que consideran sagrada. Los ves caminar con orgullo, con una disposición que sorprende frente a semejante esfuerzo, y entiendes que están llevando sobre sus hombros un legado que se niegan a dejar desaparecer.

Es imposible no emocionarse. Porque, seas paisa o vengas de cualquier rincón de Colombia o el mundo, por un instante sientes que esa tradición también te pertenece.

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